Por: Rafael Cabrera*
A las autoridades en sus tres niveles nacionales, departamentales y municipales; a las instituciones responsables del medio ambiente, bosques, agua y planificación territorial; a los sectores productivos; a los pueblos indígenas; a las universidades; y a toda la sociedad boliviana.
Gente Buena y de buena fe nos dirigimos respetuosamente a ustedes desde una preocupación esencialmente técnica, académica científica y ciudadana.
El Beni tiene derecho al desarrollo. Pero también tiene derecho a que ese desarrollo se construya sobre evidencia y no comprometa los sistemas ecológicos y ambientales que sostienen su productividad, su agua, sus bosques, sus humedales, su biodiversidad y su futuro.
No planteamos detener carreteras, producción, comercio ni integración regional. Planteamos algo más elemental: antes de transformar el territorio a una escala posiblemente irreversible, debemos conocer sus límites ambientales ecológicos y disponer de información pública que permita decidir dónde, cuánto y bajo qué condiciones hacerlo.
Lo que los datos ya nos están mostrando
Nuestro análisis geoespacial histórico de deforestación del periodo 2001-2025 identifica 1.849.507 hectáreas de pérdida de cobertura forestal en el Beni, equivalentes aproximadamente al 8,2% de la superficie departamental analizada. De esa pérdida acumulada, 1.031.218 ha, el 55,7%, se concentran solamente en 2021-2025 ya en curso del PLUS 2019
Existe además una señal territorial que merece especial atención: las categorías Forestal Maderable (C1), Forestal Múltiple (C2), Protección y Uso Agrosilvopastoril (D1) y Áreas Naturales Protegidas (E1) concentran conjuntamente aproximadamente 60,7% de la deforestación registrada.
Dentro de las Áreas Naturales Protegidas (E1) se contabilizan 457.334 ha de pérdida de cobertura forestal. Este dato no determina por sí mismo legalidad, responsabilidad ni causalidad. Sí identifica una magnitud de transformación que merece investigación, explicación institucional y fiscalización rigurosa.
La señal hidrológica es igualmente importante.
Aplicando la definición estricta basada en las clases Lost Permanent y Lost Seasonal de JRC Global Surface Water, el análisis identifica aproximadamente 226.559 ha de pérdida de agua superficial.
De esa superficie, 91.358 ha se localizan dentro de la categoría Agropecuario Extensivo (A2), aproximadamente el 40,3% del total, mientras que otras 53.754 ha corresponden a Áreas Naturales Protegidas (E1).
Encontramos además una asociación espacial que consideramos imposible ignorar: el 92,8% de la pérdida de agua analizada se encuentra a menos de un kilómetro de zonas deforestadas. Este resultado constituye una asociación espacial, no una demostración de causalidad, y precisamente por ello merece investigación adicional.
No afirmamos que estos datos demuestren que la ganadería, el drenaje, la infraestructura o una determinada política hayan causado estas pérdidas.
Afirmamos algo diferente y científicamente comprobable:
existe una señal territorial suficientemente grande, espacialmente estructurada y ambientalmente relevante como para justificar una evaluación preventiva antes de profundizar nuevas transformaciones del territorio.
El momento para hacerlo es ahora
Esta preocupación adquiere mayor relevancia ante las nuevas decisiones de planificación e integración territorial.
El 13 de agosto de 2026, la información oficial de la Gobernación comunicó una agenda estratégica Beni-Rondônia que contempla fortalecer las rutas Guayaramerín-Trinidad y Guayaramerín-La Paz, mejorar la conexión con Pando, impulsar la hidrovía Mamoré-Madeira y reforzar infraestructura fronteriza.
Posteriormente, la Ley Departamental N.º 147 puso en vigencia la Agenda de Desarrollo del Beni Rumbo al Bicentenario 2042, concebida como instrumento estratégico para orientar políticas, planes, programas y proyectos públicos y privados durante 2026-2042. La propia norma incorpora una estrategia de vinculación multimodal terrestre, aérea y fluvial y propuestas de fomento productivo.
Esto representa una oportunidad extraordinaria.
Precisamente porque se está pensando el Beni de las próximas décadas, este es el momento de incorporar la variable ambiental con la misma jerarquía que la infraestructura, la producción y la inversión.
Solicitamos que esta nueva etapa de planificación incorpore una Evaluación Ambiental Estratégica y Acumulativa del sistema Bosque + Agua del Beni, sustentada en información geoespacial pública y verificable, que considere como mínimo:
- conectividad ecológica e hidrológica;
- humedales, planicies de inundación y sitios Ramsar;
- deforestación histórica y reciente;
- pérdida y transformación del agua superficial;
- infraestructura vial y fluvial existente y proyectada;
- compatibilidad territorial con las categorías del PLUS;
- escenarios acumulativos de expansión productiva e infraestructura;
- conectividad amazónica Beni-Pando-Rondônia;
- escenarios climáticos e hidrológicos;
- un sistema público, georreferenciado y periódicamente actualizado de monitoreo ambiental.
Esta propuesta no es incompatible con la propia arquitectura institucional que está comenzando a construirse. La Ley Departamental N.º 147 establece componentes técnico-científicos, mecanismos de seguimiento y evaluación y una instancia departamental responsable de implementación, control, monitoreo y evaluación de la Agenda 2042.
Por ello, no estamos proponiendo crear una discusión paralela al desarrollo del Beni. Estamos proponiendo incorporar evidencia ambiental dentro de su propia planificación del desarrollo.
Desarrollo con información, no desarrollo a ciegas
El Beni no debería verse obligado a escoger entre conservar y producir.
La pregunta correcta es otra:
¿Qué tipo de desarrollo puede sostener el territorio sin deteriorar los sistemas naturales de los cuales depende ese mismo desarrollo?
Responder seriamente esa pregunta requiere datos.
Nuestros resultados pueden tener limitaciones y deben seguir siendo contrastados, ampliados y auditados. Precisamente por ello ponemos sobre la mesa las cifras, los métodos, las fuentes y también las incertidumbres.
La ciencia responsable no consiste en afirmar que ya sabemos todo. Consiste en reconocer cuándo sabemos lo suficiente para advertir que necesitamos investigar antes de transformar.
Beni y Pando forman parte de un sistema amazónico que trasciende fronteras administrativas. Por ello, infraestructura, producción, agua, bosques y humedales no deberían planificarse como variables independientes.
La integración económica Beni-Rondônia puede constituir una oportunidad histórica.
Una oportunidad histórica merece también una planificación ambiental a su altura.
No pedimos detener el desarrollo.
Pedimos medir antes de decidir, evaluar antes de transformar y monitorear antes de que los cambios sean irreversibles.
Porque producir y conservar no necesariamente son caminos opuestos cuando conocemos previamente los límites ecológicos del territorio.
La verdadera contradicción comienza cuando transformamos primero y preguntamos después qué perdimos.
Todavía estamos a tiempo de hacerlo de otra manera.
Por el Beni, por su agua, sus bosques, sus humedales y por las generaciones que deberán vivir con las decisiones que tomemos hoy.
*Es ingeniero agrónomo, investigador, docente y especialista en Geomática Ambiental











