Para Gueisa León, Directora del Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Serranía del Aguaragüe, esa función es esencial porque ella la define como: “una fábrica de agua… un manantial de vida para todo el Chaco”.
Tarija, 9 mayo (ANA).– La Serranía del Aguaragüe no es una fábrica en el sentido literal. Es un sistema natural que capta, almacena y distribuye agua a través de una red de microcuencas que sostienen la vida en el Chaco tarijeño. Hoy, este territorio clave para el equilibrio hídrico del sur de Bolivia se puede recorrer, revelando una experiencia que combina naturaleza, cultura y formas de vida profundamente ligadas al agua.
Más que una metáfora, se trata de un sistema natural que se extiende por más de 108.000 hectáreas y regula el agua a través de 80 microcuencas, sosteniendo el abastecimiento de ciudades como Yacuiba, Villamontes y decenas de comunidades del Chaco tarijeño. En este territorio, que integra también al municipio de Caraparí, cada tramo ofrece una forma distinta de recorrer y entender la serranía.
Para Gueisa León, Directora del Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Serranía del Aguaragüe, esa función es esencial porque ella la define como: “una fábrica de agua… un manantial de vida para todo el Chaco”.
Pero el Aguaragüe no es solo agua. Es también un territorio donde la biodiversidad se convierte en experiencia, porque en sus laderas conviven 276 especies de aves ,entre ellas el cóndor andino y la paraba militar, además de 70 especies de mamíferos, como el jaguar, el anta y el oso bandera. A esta diversidad se suman especies que refuerzan su valor para el ecoturismo, como el oso jucumari, el único oso de Sudamérica, y el miskincho (Trichomycterus aguarague), un pez descubierto para la ciencia en 2003 y que solo habita en esta serranía.
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Yacuiba y Timboy Guasu: una puerta de entrada
El recorrido inicia en Yacuiba, una ciudad conectada por carretera asfaltada con Santa Cruz y Tarija. Desde allí, el trayecto hacia Timboy toma poco más de una hora: cerca de 70 kilómetros por la ruta 9, con transporte constante y un pasaje que oscila entre 20 y 30 bolivianos.
El camino es parte de la experiencia. A medida que se avanza, el paisaje cambia y la vegetación se densifica. El monte seco cede paso a un entorno más complejo, donde las tonalidades del suelo y la cobertura vegetal varían con la luz.
Daniel Vaca, Encargado de Protección del Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Serranía del Aguaragüe, explica que ese cambio está incluso en el nombre: “Aguaragüe” hace referencia al “aguará” o zorro, y a los tonos rojizos del terreno que, con el sol, modifican su color a lo largo del día.
Timboy es una de las principales puertas de entrada al área protegida. Allí, en el municipio de Yacuiba, se ha consolidado una infraestructura turística que marca un punto de inflexión.
Para Marcelo Reyes, Director de Promoción Económica del Gobierno Autónomo Municipal de Yacuiba (2025): “no teníamos infraestructura turística importante… por eso se construyó este complejo en coordinación con el Servicio Nacional de Áreas Protegidas”.
El complejo turístico Timboy Guasu ofrece condiciones para estancias cortas y prolongadas. Cuenta con siete viviendas equipadas, entre habitaciones individuales, matrimoniales y familiares, con una disponibilidad aproximada de entre 20 y 30 camas. A ello se suman espacios de camping que amplían la capacidad hasta cerca de 100 visitantes.
Los ambientes disponen de aire acondicionado, refrigeración y espacios de descanso. El complejo incluye una piscina en funcionamiento permanente, que adquiere sentido en un territorio donde las temperaturas pueden superar los 40 grados, como acceso a pozas naturales de aguas termales. El restaurante del complejo ofrece preparaciones locales vinculadas a la producción del entorno. El costo de hospedaje se sitúa en torno a los 100 bolivianos por noche.
Desde este punto, el visitante puede internarse en el bosque. Caminatas de aproximadamente dos horas conducen a cascadas y senderos que ascienden hacia miradores naturales como el cerro El Picacho.
En las zonas más altas aparece uno de los contrastes más inesperados del Aguaragüe: las sabanas de altura, praderas abiertas desde donde se puede observar, en un mismo punto, el Chaco seco hacia el este y las estribaciones andinas hacia el oeste. La visita al área forma parte del sistema del Pasaporte de las Áreas Protegidas, una herramienta que busca incentivar el turismo de naturaleza y aportar a su conservación.






Caraparí: agua, comunidad y producción
Siguiendo la ruta tenemos la oferta turística del municipio de Caraparí, un entorno que se vuelve más húmedo y verde. El paisaje se abre a quebradas, pozas naturales y espacios que invitan a detenerse.
En la comunidad de San Antonio, ubicada dentro del área protegida, se encuentran pozas de agua, cabañas y servicios básicos. Según Gueisa León, es un lugar especialmente visitado en época de calor, donde además los comunarios ofrecen alimentación a quienes llegan. Más adelante, en Fuerte Viejo, el recorrido suma una dimensión productiva. Allí, familias han desarrollado pequeños viñedos que hoy forman parte del circuito turístico.
Se trata de una experiencia poco frecuente en Bolivia: la producción de vino dentro de un área protegida, bajo condiciones que buscan compatibilizar el uso del territorio con su conservación. El visitante puede recorrer la “Casa del Vino”, conocer el proceso y degustar variedades locales.




Villamontes y el río Pilcomayo: el Angosto como punto final
El tramo final conduce hacia Villamontes, donde el agua vuelve a dominar el paisaje. El río Pilcomayo atraviesa la serranía y define buena parte de la vida en la región. Sus orillas permiten la pesca, el descanso y el contacto directo con el agua, mientras que su dinámica marca el ritmo del territorio.
En este contexto, el sábalo, uno de los peces más representativos del río, forma parte de la gastronomía local y del sustento de muchas familias.
El punto más emblemático de este tramo es el Angosto de Villamontes, donde el Pilcomayo se encajona entre formaciones rocosas creando un cañón natural de gran escala. Es uno de los paisajes más representativos del Aguaragüe y una parada obligada para dimensionar la relación entre la serranía y el agua.




Un territorio que se recorre en capas
El recorrido se disfruta especialmente entre mayo y septiembre, cuando el clima es más fresco y las condiciones favorecen las caminatas y el avistamiento de fauna.
Dentro del área protegida habitan comunidades guaraníes que mantienen conocimientos sobre el uso de plantas —más de un centenar registradas—, muchas de ellas con aplicaciones medicinales.
Para Daniel Vaca: “mientras más gente conozca lo que tiene, mejor lo va a valorar y cuidar”.
Sin embargo, el Aguaragüe enfrenta presiones como incendios, expansión agrícola y actividades sin control ambiental. “el parque enfrenta amenazas como incendios, agroquímicos y actividades sin control ambiental”, advierte.
Ese equilibrio es frágil. “si lo cuidamos, se mantendrá… pero si lo explotamos, yo lo veo seco en el futuro”, señala Gueisa León.
El Aguaragüe se presenta, así como un destino distinto dentro de Bolivia. Menos conocido, pero profundamente diverso. Un lugar donde el turismo no solo muestra paisajes, sino que revela el origen del agua, la biodiversidad y la vida en el Chaco.
Viajar hasta aquí no es solo llegar a un destino, es entender por qué conservarlo importa.
Sabías que…
• En el Aguaragüe se han identificado 111 especies de plantas útiles, de las cuales al menos 40 tienen aplicaciones medicinales.
• La gastronomía local incorpora frutos del bosque seco como el algarrobo, el mistol y el chañar.
• El parque regula el agua de 80 microcuencas que abastecen al Chaco tarijeño.
• En sus cimas existen sabanas de altura con vistas simultáneas al Chaco y a los Andes.
• El área protegida convive con un legado de 77 pozos hidrocarburíferos.
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