Cuando la vocación de servicio es parte de ti y creciste entendiendo que cuidar la naturaleza es algo normal, hacer eclosionar y liberar más de ciento treinta mil tortugas no cuesta tanto.
Por: L. Cecilia Sanjinez*
Porvenir -Pando, 12 octubre (ANA).– Todos los días nos levantamos, trabajamos, cuidamos de la familia, viajamos cuando la economía lo permite y, de vez en cuando, rescatamos a un perro o un gato de la calle. Sin embargo, rara vez nos detenemos a pensar en la conservación de las especies silvestres, como las petas de río.
Las petas de río (Podocnemis unifilis) son animales silvestres adaptados a la dinámica de los ríos de la Amazonía; pueden alcanzar hasta 50 cm de longitud y se caracterizan por sus manchas de color amarillo brillante en los laterales de la cabeza. Son de hábitos diurnos y pasan gran parte del día tomando el sol sobre troncos o en las riberas para regular su temperatura corporal.

¿Cómo se logra hacer eclosionar y soltar a más de 130 mil petas de río? La logística
A inicios de cada agosto, la familia, impulsada por Doña Turca recorre las playas del río Tahuamanu en una intensa labor de cosecha nocturna que dura dos días. Extraen los huevos de peta conservando la arena húmeda del entorno, la cual posee la textura y los minerales ideales para su gestación. Luego, los huevos son trasladados a una playa artificial custodiada para su siembra. Allí, en nidos excavados de 20 a 22 centímetros de profundidad con forma de cántaro, se colocan los huevos pertenecientes a cada nido junto con su tierra original. La incubación toma aproximadamente dos meses, proceso donde la temperatura de la playa resulta fundamental, pues el calor no solo acelera la eclosión, sino que determina el sexo de las tortugas.
Cada nido contiene de 12 a 36 huevos, la cifra es muy variada y en una sola noche pueden recolectar hasta 600 nidos, aunque estos últimos años solo se llega a 60 nidos por noche. En cada agosto se recogen entre 8 000 y 23 000 huevos de peta. Doña Turca y su familia realizan esta labor desde 2010. Durante los primeros 8 años se liberaron aproximadamente 86 940 petas, y desde 2019 a la fecha se han liberado alrededor de 44 000 más, alcanzando un total de más de 130 940 tortugas devueltas a su hábitat natural.
Las playas artificiales destinadas a la siembra de huevos cuentan con una protección de mallas para prevenir pérdidas por depredación o inundaciones. A los 65 días de incubación nacen las pequeñas petas, las cuales permanecen en sus nidos de arena durante cinco días adicionales para lograr la cicatrización completa de su ombligo. Una vez concluido este proceso, son trasladadas a los estanques para su cuidado. Durante una etapa que se extiende de 11 meses a dos años, las crías reciben una alimentación a base de repollo, pescado picado y otros insumos, asegurando un recambio constante de agua para prevenir infecciones. Esta crianza prolongada permite que su caparazón adquiera la dureza necesaria y que pierdan el aroma característico de recién nacidas, el cual atrae a depredadores que las devorarían fácilmente.

Pero más allá de las cifras, la personalidad de Doña Turca es el verdadero motor de esta causa. Es una mujer arrolladora, llena de energía, cuyo entusiasmo y calidez al hablar atrapan de inmediato e inspiran a sumarse a su labor. Trata a todos con la familiaridad de un viejo amigo, por lo que no es difícil comprender la profunda influencia que ejerce en su entorno. Sus cuatro hijos y sus nietos son sus compañeros inseparables en esta travesía, a la que de tanto en tanto también se suman miembros de las Fuerzas Armadas y voluntarios de la región.
Pero más allá de las cifras, la personalidad de Doña Turca es el verdadero motor de esta causa. Es una mujer arrolladora, llena de energía, cuyo entusiasmo y calidez al hablar atrapan de inmediato e inspiran a sumarse a su labor. Trata a todos con la familiaridad de un viejo amigo, por lo que no es difícil comprender la profunda influencia que ejerce en su entorno. Sus cuatro hijos y sus nietos son sus compañeros inseparables en esta travesía, a la que de tanto en tanto también se suman miembros de las Fuerzas Armadas y voluntarios de la región.
¿Dónde se liberan estas tortugas?
Las áreas elegidas para la liberación son los ríos y lagunas de la región que conservan las características propias de los bosques amazónicos.
A lo largo de estos años, las tortugas han sido liberadas en diversas poblaciones de la región. Según relata doña Turca en entrevista, las repoblaciones han llegado a comunidades como Palacios, Villa Bella (municipio de Filadelfia), 19 de Agosto, San Jorge, Bolpebra, Santa Fe, Cocamitas, Santa Lourdes, Trinchera, Litoral, Agua Rica, 5 de Agosto, San Luis, Nueva Belén, San Antonio y las localidades de Puerto Rico y Porvenir, además de otros asentamientos ubicados a lo largo de las riberas de los ríos Tahuamanu y Orthon.
Para repoblar los ríos y lagunas con petas de río, la burocracia simplemente no existe. Doña Turca jamás se niega a entregar tortugas, siempre y cuando exista un compromiso genuino de por medio para su cuidado y protección.
Guardianas del ecosistema amazónico
Las petas de río son animales silvestres; por ello, bajo ninguna circunstancia deben ser tratadas como mascotas ni confinadas al cautiverio hogareño. Sacarlas de su entorno no solo atenta contra su bienestar, sino que rompe la cadena ecológica: al alimentarse de plantas, frutos y pequeños organismos, regulan la vegetación acuática y dispersan semillas a lo largo de las riberas. Su presencia libre en la naturaleza es indispensable para mantener el equilibrio, la salud y la vitalidad de los ecosistemas acuáticos de Bolivia.
Doña Turca: Raíces, vida y servicio
Su nombre oficial es Magda Kerdi Aguilera, pero en la región todos la conocen cariñosamente como “Doña Turca”, un apodo heredado de la ascendencia extranjera de su abuelo. Creció en la Barraca Lisboa —antigua barraca gomera situada a 24 horas río abajo por el Tahuamanu, partiendo desde Porvenir—. Fue precisamente su abuelo quien inició la tradición familiar de rescatar los huevos de peta de río para incubarlos y liberar posteriormente a las crías, evitando así que se conviertan en presa fácil del tráfico ilegal de fauna silvestre.
Tras dedicar 17 años, 11 meses y 25 días a la docencia rural, Doña Turca trabajó durante un año en una maderera en el área de parquet y, posteriormente, se desempeñó en la función pública dentro del sector ambiental. En 2008, al ver una nota sobre la liberación de petas en Trinidad, recordó su infancia junto a su abuelo, con quien solía realizar esa misma labor, y se dijo a sí misma: «Yo también puedo hacerlo». Dos años después, ya se encontraba liberando 11 004 tortugas.
Hoy vive a orillas del Río Tahuamanu, en la Localidad de Porvenir (Pando), rodeada por sus tres hijas, un hijo, seis nietos y un bisnieto, entregada por completo al legado que heredó de su infancia.
A lo largo de estos años, diversas instituciones se han sumado al trabajo de Doña Turca. En 2012 contó con el respaldo de la Gobernación de Pando; asimismo, en distintas gestiones se ha sumado el apoyo de voluntarios y de la Armada Boliviana. Más recientemente, durante los últimos dos años, la Fundación Socioambiental Semilla ha respaldado la iniciativa mediante la dotación de un bote y motor fuera de borda, permitiéndole ampliar su cobertura de patrullaje.

El problema que se está resolviendo
De no ser por la labor incansable de Doña Turca, miles de esos huevos habrían terminado saqueados de las playas de anidación para abastecer el comercio ilegal de consumo local. La peta de río (Podocnemis unifilis), clasificada como especie «Vulnerable» en el Libro Rojo de Vertebrados de Bolivia, sufre la pérdida constante de sus nidos a manos de recolectores furtivos. Este saqueo no solo constituye un delito ambiental grave (sancionado por la normativa boliviana como la Ley 1525), sino que altera profundamente la salud acuática: al extraer masivamente sus huevos, se rompe la cadena de regeneración de la flora ribereña y el frágil equilibrio de los ecosistemas fluviales en la Amazonía.

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