Por: Galia Selaya*
Durante la COP30 los científicos han sido enfáticos en indicar que los bosques de la Amazonia podrían experimentar cambios irreversibles en estructura, diversidad y servicios ecosistémicos sino se establecen metas de deforestación cero en el corto plazo. La pérdida de resiliencia del ecosistema afectaría negativamente a miles de familias que dependen del bosque para su subsistencia como es el caso de Pando en Bolivia.
Pando, aún conserva cerca de un 90% de cobertura boscosa en gran parte debido a su gran riqueza biológica y presencia endémica de especies de alto valor económico como la castaña (Bertholletia excelsa), y el asai (Euterpe precatoria), fuente de ingreso de miles de familias de la región. Usando como herramienta de investigación transectos botánicos y estudios etnobotánicos se identificaron a más de 240 especies con algún valor de uso en la región.
Lamentablemente, el estrés climático y la defaunación amenazan la regeneración natural de especies, entre ellas la castaña. Por otra parte, se ha determinado que los bosques de tierra firme de Pando pueden almacenar en promedio 139 toneladas de carbono por hectárea en la biomasa aérea de árboles vivos. Este valor es aún mayor cuando se toman en cuenta las reservas de carbono en los suelos. No obstante, la deforestación, degradacion, eventos climáticos extremos y el fuego son fuentes de emisión de CO2. Además. existen disputas y toma de bosques de recolección de frutos por terceros y fuga de productos hacia países vecinos que aumentan la presión sobre los bosques y los suelos de la región. Para responder a estos desafíos las soluciones deben ser integrales.
El aprovechamiento sostenible y la mejora de la gobernanza con participación de los actores locales son vitales para beneficiar al clima, la comunidad y la biodiversidad. Amplificar las experiencias de restauración de bosques, el chaqueo sin quema, y los sistemas agroforestales son determinantes para prevenir el colapso, más aún ante las expectativas locales y nacionales de acceso a bonos de carbono que usualmente exigen el cumplimiento de estándares de buenas prácticas.
Este artículo de opinión fue realizado en el marco del proyecto “Procesos de incidencia para el fortalecimiento de políticas ambientales y de conservación en áreas protegidas y ecosistemas estratégicos de Bolivia” implementado por LIDEMA y las plataformas departamentales por las áreas protegidas y ecosistemas estratégicos, con el apoyo de WWF, WCS y FUDNESNAP.
*Es bióloga e investigadora












