Por: Rafael Cabrera*
A solicitud de Gente Buena y de buena fe, les presento un análisis parecido al del Beni sobre el PLUS Bosque -Agua, con los resultados obtenidos y la preocupación del análisis más el decreto supremo 5613 en la Amazonia Boliviana nos dirigimos respetuosamente a las autoridades nacionales, departamentales y municipales, a las universidades, a los pueblos indígenas, a las comunidades campesinas, a las instituciones públicas y privadas, y a la sociedad boliviana en general.
Lo hacemos motivados por una convicción simple: Cuando la evidencia científica y territorial muestra señales que pueden comprometer el futuro de un territorio estratégico, el silencio deja de ser una opción responsable.
Este pronunciamiento no responde a intereses partidarios ni corporativos. Surge del compromiso con la gestión responsable del territorio y de la obligación ética de compartir información cuando ésta puede contribuir a mejorar la toma de decisiones públicas.
Pando no es solo bosque
Durante muchos años la Amazonía fue interpretada principalmente desde la perspectiva de la cobertura forestal.
Sin embargo, la evidencia disponible demuestra que esa visión resulta insuficiente. Pando constituye un sistema territorial complejo donde interactúan simultáneamente:
• Bosques amazónicos.
• Cuencas hidrográficas.
• Ríos, drenajes naturales y humedales.
• Corredores ecológicos.
• Áreas protegidas.
• Territorios indígenas.
• Actividades forestales.
• Sistemas productivos tradicionales.
• Comunidades humanas que han coexistido históricamente con estos ecosistemas.
Por ello, el principal patrimonio estratégico de Pando no es únicamente la existencia de bosques. Su principal fortaleza radica en la integridad del sistema que conecta bosque, agua, biodiversidad, territorio y actividad humana.
Lo que dicen los datos
Los análisis territoriales realizados muestran que Pando mantiene todavía una condición excepcional dentro de la Amazonía sudoccidental.
La pérdida acumulada de cobertura arbórea entre 2001 y 2025 asciende a 319.672 hectáreas, equivalente al 5,0% de la superficie departamental analizada. Esta cifra confirma que Pando continúa siendo uno de los bloques forestales mejor conservados de la región amazónica. Sin embargo, esta situación no debe confundirse con una garantía de permanencia.
La resiliencia ambiental no es un estado permanente.
Es una oportunidad temporal para actuar antes de que los procesos de degradación alcancen niveles difíciles de revertir.
La transformación territorial más importante de las últimas décadas
Uno de los hallazgos más relevantes del análisis realizado es que la principal transformación reciente de Pando no ha sido ambiental, ha sido territorial.
La comparación entre el PLUS de 1996 y el PLUS aprobado en 2025 demuestra que más de la mitad del territorio común analizado fue reclasificado bajo nuevas categorías de gestión.
La superficie protegida pasó de 901.237 hectáreas a 3.233.622 hectáreas.
En términos relativos, la categoría E aumentó de 14,2% a 50,7% del territorio departamental.
Esta transformación puede observarse claramente en la matriz de transición territorial, donde grandes extensiones anteriormente clasificadas como forestales o de uso restringido fueron incorporadas al sistema de conservación.
Más de 2,16 millones de hectáreas que anteriormente eran forestales o de uso restringido fueron transferidas a categorías de protección y conservación.
Este cambio no representa una modificación menor. Representa una redefinición del modelo territorial de Pando.
Una pregunta que el país debe responder
La reciente implementación del Decreto Supremo N.º 5613, junto con los procesos de inspección y saneamiento territorial actualmente en curso, ha abierto un debate legítimo sobre el futuro de la Amazonía boliviana.
Reconocemos plenamente la necesidad de brindar seguridad jurídica a comunidades campesinas e indígenas y entendemos la importancia histórica de garantizar acceso a la tierra. Sin embargo, los análisis realizados obligan a formular una pregunta fundamental:
¿Cómo se garantizará que las futuras decisiones sobre tierras sean compatibles con el modelo territorial que el propio Estado ha aprobado para Pando?
No se trata de negar derechos. No se trata de impedir el desarrollo.
Se trata de exigir coherencia entre las decisiones presentes y la planificación territorial vigente.
Porque si más de la mitad del territorio pandino se encuentra hoy bajo categorías de conservación, patrimonio natural, protección hídrica o manejo forestal, cualquier política pública que modifique el uso del suelo debería demostrar explícitamente su compatibilidad con dicha estructura territorial.
Los datos también muestran andvertencias
La pérdida de cobertura entre 2001 y 2025 alcanzó 319.672 hectáreas.
De esa pérdida, 92.143 hectáreas ocurrieron únicamente durante el quinquenio 2021-2025.
Esto significa que el 28,8% de toda la pérdida registrada durante veinticinco años se concentró en apenas cinco años.
Durante ese mismo período la tasa anual aumentó de 9.901 hectáreas por año a 18.429 hectáreas por año.
Esta aceleración no debe ser ignorada.
La resiliencia que aún conserva Pando no implica ausencia de riesgo.
Significa precisamente que todavía existe margen para actuar preventivamente.
El nuevo foco de preocupación
Los resultados obtenidos muestran además un fenómeno que merece especial atención.
La presión reciente ya no se concentra exclusivamente sobre espacios históricamente transformados.
La evidencia indica un desplazamiento progresivo hacia sectores forestales remanentes, particularmente en categorías relacionadas con el aprovechamiento de castaña, goma y otros recursos amazónicos.
Este aspecto resulta especialmente relevante porque la economía regional se encuentra estrechamente vinculada al bosque.
La conservación de los bosques amazónicos y el desarrollo económico de Pando no son objetivos contradictorios.
Son procesos que dependen mutuamente.
Elegir entre desarrollo o conservación
Presentar este debate como una disyuntiva entre producir o conservar constituye un error.
Pando demuestra precisamente lo contrario.
La experiencia amazónica muestra que las economías más resilientes son aquellas capaces de conservar simultáneamente:
• Sus recursos hídricos.
• Su conectividad ecológica.
• Sus bosques productivos.
• Sus áreas protegidas.
• Sus sistemas comunitarios e indígenas.
Por ello, el verdadero desafío consiste en construir un desarrollo que mantenga el funcionamiento de los sistemas ecológicos que sostienen la producción, la economía y la calidad de vida.
Nuestro llamado
Solicitamo al Gobierno Nacional:
Evaluar toda política pública relacionada con tierras, infraestructura o aprovechamiento de recursos considerando criterios de conectividad ecológica, integridad hídrica y compatibilidad territorial.
Al Gobierno Autónomo Departamental de Pando
Fortalecer la implementación efectiva del PLUS 2025 y consolidar los mecanismos de seguimiento territorial establecidos por dicho instrumento.
A la ABT, al INRA y a las instituciones competentes: Transparentar los mecanismos mediante los cuales los procedimientos derivados del Decreto Supremo 5613 serán articulados con las categorías de conservación, protección forestal y ordenamiento territorial vigentes.
A los Gobiernos Municipales: Promover una gestión territorial basada en evidencia geoespacial, prevención de riesgos y sostenibilidad ambiental.
A las Universidades: Profundizar las investigaciones sobre conectividad ecológica, recursos hídricos, dinámica territorial y resiliencia amazónica.
A los Pueblos Indígenas y Comunidades Locales: Continuar desempeñando un papel fundamental en la protección y manejo sostenible de los ecosistemas amazónicos. Y bien por el control del rio por la calidad del agua a amenazas por la minería
Una responsabilidad que trasciende generaciones
Los bosques amazónicos pueden recuperarse parcialmente.
Las áreas degradadas pueden restaurarse.
Las infraestructuras pueden reconstruirse.
Pero la pérdida de conectividad ecológica, la alteración de sistemas hidrológicos y la fragmentación territorial suelen generar impactos cuya recuperación requiere décadas o incluso generaciones.
Por ello, la discusión actual trasciende una norma específica, una gestión gubernamental o una coyuntura política.
Lo que está en juego es la capacidad de Bolivia para mantener uno de los territorios amazónicos más importantes del continente.
La evidencia disponible demuestra que Pando aún conserva esa posibilidad.
Pero también demuestra que las decisiones adoptadas durante los próximos años serán determinantes.
El futuro de Pando no dependerá únicamente de cuántos árboles permanezcan en pie.
Dependerá de la capacidad colectiva para conservar el sistema que mantiene vivos esos bosques: el agua, las cuencas, los corredores ecológicos, la conectividad territorial y las actividades humanas que históricamente han coexistido con ellos.
Porque proteger Pando no significa únicamente conservar bosques. Significa preservar las condiciones ecológicas, territoriales y sociales que hacen posible el futuro de la Amazonía boliviana.
Es ingeniero agrónomo, especialista en Geomática espacial *











