Decenas de hombres y mujeres e incluso niños llevan 22 días caminando desde el departamento amazónico de Pando rumbo a La Paz en busca de la abrogación de la Ley 1720
Fundación TIERRA
La Paz, 30 abril (ANA).- Llegaron a Yolosita con ampollas en los pies, dolores musculares, algunos con vómitos y jaqueca después de cruzar el Choro. Decenas de hombres y mujeres e incluso niños llevan 22 días caminando desde Pando. Este jueves, el frío de la altura comenzó a golpear a quienes nunca lo habían sentido. Pero la marcha no paró ni se detendrá. Su objetivo es el mismo, la abrogación de la Ley 1720 y el respeto a la pequeña propiedad. Y para no ser juzgados con otra finalidad, decidieron que no se mezclarán con otras movilizaciones, no desviarán su causa.
«Esto no tiene trasfondo político. Esto tiene una visión: que seamos escuchados todos nuestros pliegos de demanda, tanto indígenas como campesinos». Y añade algo que repite más de una vez, como si necesitara que quede grabado con claridad: «La lucha no es solamente del indígena y el campesino. La lucha es de todos, porque esta ley nos coarta a todos», afirmó Víctor Manuel Yba, de la Central de Pueblos Étnicos Mojeños del Beni.
El dirigente recuerda que su movilización partió antes de que la Central Obrera Boliviana (COB) o sectores del transporte convocaran a medidas de presión, hechos que para él no son un detalle menor, sino el argumento central con el que rechazan las acusaciones del gobierno, que los ha calificado de avasalladores y ha intentado presentar su movilización como una maniobra política.
“Lo que pedimos es la abrogación de un paquete de leyes que atenta contra nuestros territorios y recorta la consulta libre e informada que la Constitución nos garantiza. Entre ellas, la ley 060 de bonos de carbono y la ley antibloqueo. «Como el presidente (Rodrigo Paz) tuvo el derecho y la plena voluntad de promulgarla, él mismo tiene el derecho de abrogarla», dice Yba.

En días pasados hubo intentos de acercamiento. Llamadas del viceministro de tierras, del viceministro de producción. Ofertas de mesas técnicas. Todas fueron rechazadas con la misma respuesta: no instalarán ningún diálogo que no sea directamente con el presidente, y solo si llega con la abrogación firmada en mano. «Si tiene la voluntad de bajarse hasta acá para que no sigamos en la marcha, tendrá que venir con la abrogación de la ley firmada por él».
La postura no es capricho. Los marchistas desconfían de funcionarios que, según ellos, no tienen poder de decisión real y que en el pasado usaron las mesas técnicas para dilatar sin resolver. «El gobierno se ha hecho la burla al mandarnos partes técnicas sin poder de decisión y querer distorsionar nuestras peticiones. Eso no es un diálogo».
Pese a que se mantienen firmes en su determinación, el cansancio es notorio en las filas. Agustín Guajín habla despacio. Ya no tiene el cansancio de una tarde larga, sino de varios días de caminata. «Las piernas ya están tirantes, tenemos ampollas, llevamos varios días de camino».
En todo el trayecto una ambulancia con tres personas, ha acompañado su recorrido. Ellos dan apoyo a quienes les sobrepasan los malestares. Si bien existe personal para la atención, en los últimos días se notó la falta de medicamentos para poder aliviar los dolores que comenzaron a sufrir los marchistas.
En el trayecto, muchos sintieron dolores musculares, jaqueca, vómitos. A medida que la columna fue subiendo, especialmente al cruzar el Choro, los malestares se multiplicaron. Pero la marcha no paró. Hay mujeres embarazadas. Hay niños que van en brazos de sus padres. Hay personas que piden que cuando lleguen a la ciudad, la gente pueda recibirlos con ropa abrigada. La prenda más buscada son las medias, pues en las tierras bajas no se usan y en el frío pueden hacer la diferencia para soportar el cambio de clima.
Identidad propia
El punto que los dirigentes subrayan con más énfasis es que su marcha tiene identidad propia y no quieren perderla en el ruido de otras movilizaciones. Son conscientes de que, si llegan a La Paz mezclados con otros sectores, el gobierno tendrá más argumentos para calificarlos de movimiento político y restarles legitimidad a sus demandas territoriales.
«Nosotros venimos con nuestro pliego de demanda. No venimos con el propósito de sumarnos al cabildo, venimos porque la marcha tuvo ese carácter primero», explica Yba Palacio. Quieren llegar por su cuenta. Quieren que los reciban por lo que son: pueblos indígenas y campesinos exigiendo derechos que la Constitución ya les reconoce, no actores de una disputa política que no es la suya.
Sobre la fractura interna del movimiento indígena, donde la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB) firmó acuerdos con el gobierno y algunos sectores entraron al diálogo, Yba Palacio también es claro: «Podrá firmar miles de acuerdos, pero nosotros tenemos nuestra propia autonomía y nuestras propias decisiones.» Y sobre las versiones de división que circularon tras lo ocurrido en Caranaví: «El que se bajó fue el dirigente, no fue la base. La marcha no está dividida, la marcha está unificada.»
Yolosita los recibió y Nor Yungas se suma con sus propias demandas
En Yolosita los esperaba la Federación Nor Yungas, con agua, coca, alimentos y vituallas. Mario Martín Uruchi Herrera, dirigente de la federación, había preparado comisiones con las 11 centrales, subcentrales y secretarías generales de la provincia. «Los vamos a recibir con un abrazo caluroso y los vamos a atender con todos los productos que tenemos en la zona.»
Nor Yungas no llega solo a dar apoyo moral. Ellos también llevan su propio pliego: mejoramiento de carreteras, inversión en salud, en educación, ítems. «Nuestras infraestructuras están ya precarias», dice Uruchi Herrera. Y una vez que los marchistas descansen, se sumarán a la columna para llegar juntos a La Paz.
Esta noche, jueves, los marchistas descansan en Yolosita. La determinación es llegar a la Sede de Gobierno.











