Bajo el lema de “La montaña nos une” decenas de montañistas de varios países americanos hicieron la primera cumbre del evento, porque “no hay fotografía que capte todo lo que nos rodea”
La Paz, 18 mayo (ANA).- Formaciones geológicas que asemejan catedrales góticas, un panorama espectacular con nevados majestuosos como el Illimani y el Mururata, una ofrenda a la Pachamama en la cúspide del mirador Alax Pacha, una pareja de águilas revoloteando y decenas de montañistas haciendo ondear las banderas de sus países bajo un cielo azul y un viento gélido, sí, esa fue la primera actividad de campo del XVI Encuentro Internacional de Clubes de Montañismo y Aventura.
Eran más de sesenta montañistas de Estados Unidos, México, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, Honduras, El Salvador, Colombia y por supuesto Bolivia, ascendiendo por el Valle de las Ánimas, a la altura de Uni, hacia la cima mirador e incentivados por la promesa de una vista única en la que descollaban los nevados de la cordillera de Los Andes, el Illimani y el Mururata hacia el Oriente; las serranías Murillo y la Cumbre hacia el noreste; el Huayna Potosí y el Chacaltaya por el norte.
Hacia la aventura

Las siete y media de la mañana del sábado 17 y ya todos empezaron a congregarse enfrente de un hotel ante la plaza Murillo, saludos, algarabía y los policías que miraban inquietos a la gente que empezaba a reunirse sin advertir que eran excursionistas congregándose para una salida a la montaña. El primer bus no tardó en llegar y todos empezaron a subir…sí, éramos aproximadamente sesenta personas.
Inclusive debía estar allá un segundo vehículo, pero nada, entonces quienes no abordamos el bus que partió minutos antes subimos al mismo algunas cuadras más allá, pues el otro no llegó, viajamos de pie, pero no hubo ningún problema, nuestro destino era Ovejuyo, por el sector de Uni, para de allí subir al mirador Alaj Pacha. El objetivo: aclimatarse para ascender a otras montañas.
Luego de alrededor de una hora llegamos al punto de partida, eran casi las 10.30 am, todos bajaron de los buses para iniciar la caminata de ascenso. Hubo que organizarse en grupos de algo más de diez personas y tres encargados, además de un médico: un guía, otro que iba al medio y finalmente uno o dos atrás denominados “escobas”, es decir aquellos que iban a retaguardia del grupo velando que nadie quede rezagado.
Comienza el ascenso

Ya durante el ascenso, bastante empinado, por cierto, muchos sentimos los efectos del calor y nos liberamos de sacos y chamarras, sin embargo, más allá, ya cerca a la cumbre, nos los volveríamos a colocar, y es que, pese al calor del ascenso, un viento helado se dejaba sentir. Eso sí, siempre había que beber un trago de agua luego de algún tiempo; cada diez minutos alguien miraba el altímetro en sus relojes o en el celular: 3800 m; 4000 m, 4100, 4300 m…
Antes cargamos quienes teníamos espacio en nuestras mochilas, dos o tres maderos destinados al ritual para ofrendar una “mesa” a la Pachamama, con el fin de demostrar respeto y agradecimiento a la Madre Tierra que ofrece lugares llenos de paz y belleza, de nitidez, verdor y aire puro.
“Las vistas, es impresionante que volteas hacia todos lados y estás rodeado de montañas con glaciares, las formaciones geológicas…no hay fotografía que capte todo lo que nos rodea; y después la hermandad de todos los grupos de diferentes países a propósito de venir a ver”, fueron las impresiones de Ariana Jiménez, miembro de un destacado club de montaña de México.
La cumbre del mirador

Y por fin, luego de casi dos horas de subida, se escucharon algunos gritos de júbilo y ya se podía ver el ondear de banderas. Más de 4500 m de altura y llegamos a la cumbre del mirador Alax Pacha (en lengua aymara: mundo superior, mundo de arriba), después de contemplar la magnificencia del panorama, la gente se abrazaba felicitándose mutuamente por haber alcanzado la cumbre.
Enseguida se procedió a armar la ofrenda, el ritual andino, para lo que se apilaron maderos, se utilizó paja y alcohol a fin de encender el fuego y echar cada uno unas tres hojas de coca, y desde luego, también algo de vino. La ofrenda ardió en su totalidad, mientras que algunos de los montañistas extranjeros comenzaron a desplegar sus drones para captar mejor todo el panorama.
“Una de las cosas que más nos impresionó es el Valle de las Ánimas, cómo está levantada la geología, el tipo de terreno, eso nos tiene impresionados”, comentaron otros montañistas extranjeros admirados por el lugar, sus vistas y desde luego, la ceremonia de ofrenda.
Cuando, de pronto legó otra agradable sorpresa, se trataba de una pareja de águilas que empezaron a revolotear por el lugar, lo cual era considerado como una señal de buen augurio ya que inclusive minutos antes, se procedió a orar para agradecer por haber alcanzado esa cumbre y pedir porque haya éxito para alcanzar las otras que contempla el encuentro en sus actividades de campo, como el Tunupa o el Mururata.
Una mina abandonada y volquetas saqueando el Valle de las Ánimas

Luego de un par de horas, ya por la tarde y tras un refrigerio todos se prepararon para el retorno. Nos organizamos nuevamente en grupos y comenzamos el descenso. Ya estábamos algo cansados, pero había que seguir, en este caso por un ancho cañón, en realidad eran los aires de un río que desciende hasta la altura de la calle 63 de Chasquipampa.
Si bien al comienzo del descenso se alzaban en el trayecto portentosas formaciones geológicas como obeliscos de la naturaleza, más adelante observamos escenas no tan agradables: primero el socavón de una mina abandonada junta a una laguna contaminada, más abajo, camiones areneros retirando piedras del río y debilitando la cuenca, más abajo aún, algunas viviendas e inclusive el camino pedregoso cerrado con cadenas por gente del lugar que pide dinero para dejar paso.
Y ya a media tarde, el verdadero triunfo, el retornar sanos y salvos después de hacer cumbre, prometiéndonos participar en todas las actividades de montaña que programó este XIV encuentro internacional de montañistas que se desarrolla en la sede de gobierno hasta este 26 de mayo.

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